CIUDAD GUATEMALA WEATHER

La Quema del Diablo: una noche de luz y un equipo que deja la ciudad como nueva al amanecer 

Una tradición que nació hace siglos

Cada 7 de diciembre, cuando cae la tarde y el país se prepara para la festividad de la Inmaculada Concepción, las calles de Guatemala se llenan de un brillo muy particular que marca el inicio de las celebraciones de la Natividad, según la tradición católica. Ese brillo proviene del fuego de la Quema del Diablo, una costumbre religiosa que nació en el siglo XVI y que desde entonces representa la purificación del espíritu y el triunfo del bien sobre el mal.

En tiempos coloniales, esta práctica surgió como parte del ambiente festivo previo a la Navidad, en el que los vecinos limpiaban sus casas, sacaban objetos viejos y quemaban basura en las calles para expulsar las malas energías y recibir las fiestas con renovación. Las fogatas también tenían un propósito práctico, que era iluminar rezados y procesiones en una época sin alumbrado eléctrico.

Esta tradición forma parte del Patrimonio Cultural Intangible de la Nación desde 2014, año en que el Ministerio de Cultura y Deportes la declaró oficialmente como una expresión representativa de la identidad guatemalteca.

La ciudad después del fuego, un trabajo que empieza de madrugada

Cuando las familias celebran y las llamas se apagan, comienza otra historia en la ciudad. Desde muy temprano, más de 960 colaboradores de la Municipalidad de Guatemala salen a las calles para realizar una jornada intensiva de limpieza, recolección de basura y remoción de ceniza y han logrado reunir hasta 21 toneladas de desechos.

Son trabajadores de Limpia y Verde y del Departamento de Limpieza Municipal, quienes cada año recorren avenidas, barrios y colonias para garantizar que la ciudad amanezca limpia, segura y libre de desechos que puedan provocar incendios o contaminar los drenajes. Escobas, palas, barredoras mecánicas, camiones recolectores y equipo especializado avanzan coordinados como un engranaje silencioso mientras la ciudad duerme. Su labor es fundamental para que la tradición continúe sin poner en riesgo la salud, la seguridad y el medio ambiente.

El impacto ambiental, la otra cara de la tradición

Aunque la Quema del Diablo es una expresión cultural valiosa, también tiene efectos que no deben ignorarse. Cada año, instituciones ambientales y diversos grupos ecologistas advierten sobre los riesgos de quemar hule, plástico, cartón recubierto y otros desechos que liberan humo denso y compuestos peligrosos, entre ellos dioxinas, furanos y mercurio. Estos contaminantes afectan el aire, el agua y pueden incrementar el riesgo de incendios en los vecindarios.

Asimismo, el Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales (MARN), junto a otras instituciones, hicieron un monitoreo durante un año e identificaron que el 7 de diciembre a las 18:00 horas se incrementa el monóxido de carbono y se estima que se realizan más de 700 mil fogarones lo que equivale al humo de 2.2 millones de vehículos.

Por esta razón, las autoridades municipales y ambientales recomiendan mantener viva la tradición con responsabilidad, evitar materiales dañinos y respetar los espacios públicos.

Recomendación del MARN

Un llamado a todos, porque la ciudad es nuestra responsabilidad

La Municipalidad de Guatemala hace un llamado especial a los vecinos en esta fecha tan simbólica a que adopten prácticas responsables durante la celebración:

  • ✦ Evitar quemar materiales contaminantes, especialmente hule y plástico
  • ✦ No dejar basura en las calles después de la quema
  • ✦ Apagar completamente cualquier fogata para prevenir incendios
  • ✦ Recoger los desechos y depositarlos adecuadamente

Cada gesto cuenta

La tradición puede celebrarse sin dañar el ambiente ni poner en riesgo a la comunidad, y el esfuerzo de casi mil colaboradores municipales tiene mayor impacto cuando los vecinos también participan.

Tradición y responsabilidad, un equilibrio posible

La Quema del Diablo sigue siendo una celebración que conecta la historia, la fe y la identidad guatemalteca. También es una oportunidad para reflexionar sobre cómo nuestras acciones influyen en el entorno.

Cuando la comunidad celebra con responsabilidad y la municipalidad trabaja sin descanso para mantener limpia la ciudad, la tradición se fortalece y se adapta sin perder su esencia.

Nuestra ciudad es el hogar de todos y cuidarla es un compromiso que impulsa a convertirla en un lugar que avanza e inspira.

Por si te interesa: