Temporada lila y rosa, el espectáculo natural que florece en la ciudad
Una historia que florece cada año
Hay un momento del año en que la ciudad cambia. De pronto, el gris del asfalto se cubre de pétalos y el cielo parece reflejarse en las copas de los árboles. Es la temporada en que las jacarandas y los matilisguates anuncian su llegada.
La jacaranda, originaria de Sudamérica e incorporada al paisaje urbano hace más de un siglo, encontró en nuestra ciudad un hogar permanente. Con el paso del tiempo dejó de ser un árbol ornamental y se convirtió en parte de nuestra identidad visual.
El matilisguate, árbol nativo de Guatemala y Centroamérica, florece tradicionalmente en época de Cuaresma y Semana Santa. Sus tonos rosados y blancos acompañan la temporada y evocan tradición, memoria y arraigo cultural.


Un poco de historia
Se dice que la historia de la jacaranda está ligada a la migración japonesa en México en las décadas de 1920 o 1930. El presidente Obregón quería llenar la Ciudad de México de cerezos japoneses o sakuras, pero el paisajista japonés Tatsugoro Matsumoto recomendó las jacarandas en su lugar porque se adaptarían mejor al clima local. Además de las leyendas de amor y de su uso en medicina tradicional, se cree que atraen buena suerte si una flor cae sobre la cabeza.
En cuanto al matilisguate, es propio de la región centroamericana. Se cree que, si el árbol florece en abundancia, el invierno será favorable y propicio para la agricultura.

El espectáculo que transforma avenidas y parques
Cada año, estos árboles convierten avenidas, plazas y parques en corredores naturales. Las jacarandas tiñen las calles de lila, mientras los matilisguates llenan el paisaje de rosa intenso.
En puntos emblemáticos como el Teatro Nacional Miguel Ángel Asturias, la Avenida Las Américas, la Avenida La Reforma, la Plaza de la Constitución y diversos parques históricos, la experiencia se vuelve aún más especial. Caminar bajo su sombra permite redescubrir la ciudad desde otra perspectiva.


Mucho más que belleza
Además de su impacto visual, estos árboles cumplen funciones ambientales clave. Brindan sombra, ayudan a regular la temperatura urbana y contribuyen a mejorar el aire. Sus copas amplias y su floración estacional atraen aves e insectos polinizadores, lo que fortalece la biodiversidad en el entorno urbano.
El matilisguate destaca por su resistencia a la sequía y su adaptabilidad a distintos tipos de suelo. La jacaranda se adapta rápidamente a climas cálidos y soleados y ofrece una floración intensa y vibrante.
Ambos árboles también son conocidos por sus propiedades medicinales. La jacaranda posee efectos antiinflamatorios, antioxidantes y antisépticos, mientras que el matilisguate se utiliza como antiséptico para aliviar fiebres y tratar la inflamación de amígdalas.

Una tradición que también se saborea
La temporada de jacarandas se admira y también puede disfrutarse de manera responsable a través de preparaciones tradicionales como la limonada de flor de jacaranda, una bebida refrescante que forma parte de los sabores populares.
Si decides prepararla en casa, recuerda recolectar únicamente flores limpias, frescas y caídas recientemente y evita dañar el árbol.
Limonada de jacaranda
Ingredientes
- ✿ 10 a 15 flores de jacaranda
- ✿ hojas de hierbabuena
- ✿ 1 litro de agua
- ✿ 2 limones jugosos
- ✿ Endulzante al gusto
- ✿ Hielo

Preparación
- ✿ Lava y desinfecta cuidadosamente las flores.
- ✿ Hierve o infusiona las flores en medio litro de agua durante aproximadamente cinco minutos. La infusión intensifica el color natural.
- ✿ Cuela el líquido y deja enfriar.
- ✿ Agrega el jugo de limón, el resto del agua y el endulzante de tu preferencia.
- ✿ Incorpora el hielo y la hierbabuena al servir.
Cuidar hoy para florecer mañana
El crecimiento saludable de jacarandas y matilisguates requiere planificación y cuidado. Durante sus primeros años necesitan riego constante para fortalecer sus raíces. Una vez establecidos son más resistentes, aunque deben plantarse a una distancia prudente de estructuras y tuberías para evitar daños futuros.
Cada árbol que florece en nuestras calles es resultado de años de visión urbana, mantenimiento responsable y compromiso con una ciudad con mayor cobertura arbórea.
Un símbolo de esperanza urbana
Cuando los pétalos cubren el suelo, cambia el paisaje y también el ánimo de quienes transitan por la ciudad. La floración anual recuerda que la naturaleza permanece viva entre nosotros y que los espacios públicos pueden convertirse en escenarios de belleza, encuentro y orgullo compartido.
La ciudad florece y con ella se fortalece nuestro compromiso de cuidarla y valorarla como un lugar que inspira y que conecta con su historia, su identidad y las personas que la habitan.








